Mostrando entradas con la etiqueta Entrevista. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Entrevista. Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de mayo de 2017

Entrevista en Entre Vidas 07/05/2017

Esta es la primera entrevista que me hicieron como escritor 07 / 05 / 2017

por Mauro Yakimiuk


domingo, 7 de mayo de 2017


Pablo Mereb: “Lo que engloba todo es que las historias están protagonizadas por perdedores”



El escritor Pablo Mereb publicó su libro de cuentos El mundo amaba a otras personas a través de la editorial Textos Intrusos y contó que se decidió por relatos que en su mayoría iban para el lado del doblete fantasía/humor y descartó los más terrenales y los más serios. Además, adelantó que está en la etapa de selección de los cuentos que aparecerán en el Flamante Primer Libro de Crónicas y Relatos Autobiográficos de Pablo Mereb.









¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Van cambiando según la época. En realidad voy acumulando elementos. Hace unos años necesitaba estar rodeado de papelitos repletos de ideas. Ahora no sólo me acompañan papelitos sino también decenas de archivos de Word con más y más ideas que tengo abiertos por si las moscas. Si es material fresco que vuelco por primera vez, la música de fondo es una buena compañía. Si en cambio es una etapa de corrección, prefiero que no haya nada de fondo, salvo los sonidos inevitables del edificio que habito: el “que los cumplas feliz” cantado por el depto de turno, y las puteadas del viejo del cuarto piso cuando oye los ladridos del perro del chabón del segundo. Ah, y si lo que estoy escribiendo me parece muy lindo, personal, especial, lo saco de su escondite a mi fiel compañero, el playmobil Rand, para que me haga compañía.


¿Con qué frecuencia escribís?
Casi todos los días. Cuando leo suele ocurrir que se me viene una idea, una situación, una frase, y la tengo que anotar urgente. Otro momento donde surgen ideas es cuando me estoy duchando, ahí se me complica un toque anotar, pero a veces no aguanto y salgo disparado del baño para volcar en el primer papelito que encuentre esa cosa brillante que me surgió. En la calle también. Antes iba con un anotador y una birome en la mochila, se me ocurría algo y me paraba para sacar el anotador y la birome. Hoy con el celu directamente grabo mi voz. De todos modos, sigo llevando mochila, anotador y birome por si la tecnología falla, cosa que a mí me sucede a menudo. A la noche agarro la notebook y le doy a las teclitas, tanto para volcar las ideas aparecidas durante el día como para escribir otras nuevas que surjan ahí; la noche, los cumples, los perros, los enojos, suelen ser inspiradores.


¿Cómo fue el proceso de selección de los cuentos que aparecen en tu libro “El mundo amaba a otras personas”?
Hice algo que di en llamar Eliminatorias para el Flamante Primer Broli de Cuentos de Pablo Mereb. Junté todos mis cuentos y empecé a implantar criterios caprichosos, o no tanto, para ir descartando material. Primero establecí que me gusten, ahí se fueron varios, luego que sean cuentos de entre 6 y 18 páginas, ahí volaron unos cuantos; más tarde, al ver que la mayoría iban para el lado del doblete fantasía/humor, descarté los más terrenales y los serios; finalmente, me encapriché con que debían ser diez, así que los restantes los saqué porque sí.


¿Por qué decidiste ponerle ese nombre al libro?
El libro se iba a llamar como el título de uno de los cuentos que volé en la anteúltima etapa de esa eliminatoria. Luego de esa eliminación no tenía nombre para el libro. Al releer el material, vi una frase en el cuento El asesino volvió una noche que englobaba bien al conjunto: “El lunes nadie se acordó de vos. El mundo amaba a otras personas (…)”. Cuando redescubrí esa frase me vi levantando la copa del mundo al mejor título de libro del milenio. Después me di cuenta que el milenio recién empezaba y que quizá no llegue a ver mi triunfo y me deprimí.


¿De qué temas te nutriste para escribir cada cuento?
Lo que engloba todo es que las historias están protagonizadas por perdedores. Me nutrí de escritores que me gustan y de otros que detesto, de frustraciones, injusticias, desamores, jefes explotadores, de algunas alegrías, de humor absurdo, de la lluvia. En varios hay argumentos y personajes tomados de historias que inventaba cuando era chico.


¿Cuál es tu cuento preferido del libro y cuál el que destacan los lectores?
Mi cuento preferido es Entonces llovieron payasos. Todos los cuentos soy yo, pero este es un yo sin límites. Narrada en primera persona del plural, la historia cuenta el debut sexual de un joven; hay fútbol, pizza, birra, faso, literatura, sexo y una hermosa lluvia de payasos. Creo que mi yo de seis años estaría contento con este delirio (aunque mucho no entendería, claro…). Mi personaje favorito del libro es el protagonista de Para ver quién sos. ¡Cómo lo banco a ese uruguayo! Ahí la música juega un papel preponderante. Los lectores se copan con Un mundo mucho mejor. Creo que destacan el formato del cuento, la progresión de la trama con final sorpresivo. Para hacerlo me basé en un cuento de Hermann Hesse que me pareció horrible. En lo alto de las preferencias también se ubica Colores. Basado en una situación real: me cagó una paloma mientras estaba en la calle laburando como cobrador para un jefe explotador. Quizá lo atractivo resida en que la historia fue contada desde cinco puntos de vista diferentes, entre ellos, el de una paloma muy resentida.


¿Cómo surgió la posibilidad de publicar el libro con la editorial Textos Intrusos?
Acompañé a mi amigo Dany a la presentación de la antología “Seis cuentos rioplatenses” en 2015; un amigo de él participaba en esa antología. Ahí encaré a Hernán Casabella, el capitán, comandante y zar de la editorial Textos Intrusos, la editorial más pulenta, y le dije que tenía unos cuentos del carajo. Se los pasé, le coparon, fui feliz, y acá estamos.


¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
Seguir publicando libros, escribir contratapas, prólogos, hacer antologías y correcciones. Ahora ya fue, me re mal copé. Tengo mucho material viejo, algo de todo eso pienso que sirve. Novelas inconclusas, poemas, ensayos. Hay decenas de cuentos que fueron descartados en aquella famosa y cruenta eliminatoria y creo que merecen una segunda oportunidad. Por supuesto, también pienso seguir escribiendo nuevas historias.


¿En qué proyecto estas trabajando actualmente?
Ahora estoy en pleno proceso de Eliminatorias para el Flamante Primer Libro de Crónicas y Relatos Autobiográficos de Pablo Mereb. Es probable que los relatos los ordene cronológicamente. Habrá algún recuerdo de niño, cositas de primaria, secundaria, facultad, laburos, situaciones incómodas con la cana, citas románticas bizarras y encuentros con personajes del barrio más multicultural y políglota del planeta: Balvanera, mi barrio. Ah, claro, también hará una breve aparición mi entrañable amigo Rand.

domingo, 21 de agosto de 2016

Introducción de una imposible entrevista a George Harrison




Ubicada en las afueras de Londres, Friar Park es inmensa. Al aproximarse a esa mansión nadie podría evitar sorprenderse. Tampoco ignorar el enorme cartel que reza en diez idiomas: “Privado, ¡aléjese!”. Su dueño no tarda nada en recibirme. Se lo nota algo cansado. Enseguida transita por el hermoso y descomunal jardín que el mismo creó.
Camina con sus botas de goma embarradas y una vieja azada al hombro, con su desgastado gorro verde de lana, observando cada uno de los árboles como si fueran sus hijos. Cuenta que fue un día parecido al de hoy, fresco y nublado, cuando descubrió, en 1997, un nódulo en su garganta mientras arreglaba el jardín. En agosto de ese año, en Italia, le extirparon el tumor que resultó ser maligno. En esa oportunidad hizo uso de su ironía tan “beatle” al declarar a la prensa que “probablemente grabe una canción titulada Radiation Therapy”.
Adentro, en el living principal de la impresionante morada, hay un gigantesco sillón rosa. El “beatle silencioso”, como lo llamaba el periodismo en los setenta debido a su hermetismo, charla por teléfono con las personas involucradas en el nuevo y flamante relanzamiento de All Thing Must Pass, aquel exitoso e inmejorable debut solista de 1970, considerado aún hoy, por los expertos en materia rockera, como el mejor registro personal de un ex beatle.
Fascinantes objetos hindúes decoran el lugar, las paredes están adornadas con fotos de la familia, con cuadros (uno de los cuales está firmado por el artista plástico y cineasta estadounidense Andy Warhol, muerto en 1987) y con dibujos firmados por Dhani, su único hijo, nacido el 1 de agosto de 1978. Un sitar (instrumento musical de origen indio que conoció el autor de Something en su primer viaje a la India, en 1967, y con el cual quedó maravillado) descansa solitario en un rincón de la casa.
Su señora, la mexicana Olivia Arias, que conoció al ex guitarrista de The Beatles mientras este montaba Dark Horse Records (sello discográfico de su pertenencia), y con el que se casó en septiembre de 1978, le sirve en forma delicada un té.
El hombre que compartió escenarios y estudios de grabación con grandes músicos como Bob Dylan, Eric Clapton, Carl Perkins o Ravi Shankar (el maestro hindú que le enseñó los secretos del sitar); el que organizó el primer recital benéfico de la historia del rock: el Concierto para Bangladesh, realizado en 1971 en el estadio de Nueva York más importante, es decir, el Madison Square Garden; el viejo compañero de aventuras de John, Paul y Ringo; el guitarrista del grupo musical más importante del siglo XX; el creador de My Sweet Lord y While My Guitar Gentil Weeps, entre otros tantos clásicos, se sienta en el desmesurado sillón rosa y masculla: “Esto se lo digo a cada periodista desde hace casi treinta años, ¡no me preguntes que se siente ser un ex beatle! ¡Basta con eso! ¡Por favor te lo suplico! Fue lo máximo y a otra cosa”. Enseguida, George Harrison sonríe.



miércoles, 11 de febrero de 2015

Yanketruz, el trovador





Es tataranieto de un cacique ranquel, recorrió el mundo con su guitarra y fue amigo de Pablo Neruda. En la actualidad vende discos con recitales que dio en el exilio.

por Pablo Mereb


La sala de profesores de la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (ubicada en Puán 480) es el lugar elegido para la entrevista. Ahí está, en la puerta, Yanquetruz (que en lengua mapuche significa “gente que va lejos y rápido”). Es algo obeso y de mediana estatura. Lleva su pelo hasta los hombros, la barba crecida, lentes gruesos pegados con cinta adhesiva, una chomba a rayas gastada, un pantalón vaquero y un bolsito negro.

Nació el 23 de abril de 1936 en Arequito, provincia de Santa Fe (el mismo pueblo de la cantante Soledad). Su padre era un descendiente de italianos que se dedicaba a la pintura decorativa de iglesias y mansiones en la ciudad de Buenos Aires. Un día decidió partir hacia el sur de Santa Fe. “Iba como aventurero y conoció a mi madre que era una indígena, bisnieta del famoso cacique Yanquetruz de la tribu de los ranqueles, tribu influenciada por los mapuches, que ocupaba la actual provincia de La Pampa, el sur de Córdoba y el sur de San Luis”, explica con entusiasmo.

Y amplía sobre su antepasado: “En 1836, a los 65 años, se enamoró de la hija adolescente de un cacique de la tribu. Y se tuvo que ir, porque eso estaba mal visto entre los indios. Vivió sus últimos años en lo que hoy sería Arequito. Ahí nació mi madre, mis cuatro hermanos y yo. Pero desgraciadamente no nos quedamos allí. Tuvimos que escapar por deudas de juego de mi padre”.

- ¿Dónde se fueron?

- A San Pedro, en 1943. Allí mi padre me enseñó a pintar a los golpes. Para los tanos es normal pegar. Además, empezó mi apasionamiento por la música clásica escuchando la radio. A los 9 años me llevaron con una maestra de piano. Y fui progresando hasta que a los 14 años mi padre me sacó del piano... Y yo quedé con una pena enorme.

- ¿Por qué te sacó del piano?

- Me dijo que era mucho el conservatorio y el colegio nacional. Y mi tío, un anarquista que me formó intelectual y espiritualmente, me contó la verdadera razón recién a los 20 años. Un vecino le dijo a mi padre que todos los que tocan el piano son putos. Y como era un acomplejado “de la gran siete” me sacó inmediatamente. ¡Para defender el honor familiar! (se ríe).
*********

Abre una botellita de agua tónica y, después del primer trago, recuerda el hecho que le cambió la vida: “A los 15 años escucho por la radio a un hombre que tocaba folklore con una jerarquía que mi oído supo distinguir. Estaba frente a un tipo especial que cantaba zambas. ¡Y eso que a las zambas las consideraba una mierda! ¿Quién era? Atahualpa Yupanqui. Le pregunté a mi tío cómo hacía para encontrarlo en Buenos Aires. Y me advirtió que ni lo intentara. Porque Yupanqui era, como cualquier artista, un jodido.
*********

- ¿Viniste igual a Buenos Aires?

- Vine a los 18 años a estudiar Medicina en la Universidad de Buenos Aires. Cosa que me metieron en la cabeza mis padres, porque yo hubiera querido estudiar pintura. Estuve adentro de la universidad durante catorce años, pero no estudiaba. Me iba tres años a México, volvía, estudiaba un año y al otro me iba a Brasil. Y terminé dejando, obvio.

- ¿Y qué ibas a hacer a esos países?

- Iba a cantar. Mi tío me aconsejó que, si quería aprender a tocar la guitarra y ser un buen payador, tenía que caminar todo el país. Me sugirió: “Si vas a Tucumán, hacé la zafra; si vas a Mendoza, hacé la vendimia; si vas al norte, cuidá las cabras. Siempre vas a encontrar algún guitarrero cantor. Acercate a él”.

- ¿Seguiste su consejo?

- ¡Claro! Hice de todo. Me fui a Tucumán y corté caña. Aré campos, hice la zafra, la vendimia y en Santa Fe trabajé en las minas de los valles Calchaquíes. Todo para estar al lado de algún guitarrero. Después empecé a viajar por toda América. El debut lo hice a los 20 años en un Café Concert de Bahía (Brasil). Mientras esperaba mi turno el dueño se dio cuenta que estaba nervioso y me mandó a una sala a tomar unos tragos. Cuando empecé el show estaba borracho pero tranquilo. Sabía que tocaba bien con las copas.

- Y a partir de ahí, ¿empezaste a ganarte la vida con los recitales?

- Ahí empecé a tocar pero, como no eran muy continuados esos recitales, inventé una cosa que era permanente. Cantaba puerta a puerta, como quien vendiera libros o naranjas. Iba por las casas y me presentaba: “Buen día. Soy un cantor de Argentina. Yo canto, no el tango, sino la música del interior del país, por ejemplo la zamba”.

- ¿En qué lugares hiciste esto?

- Por toda América, de México para el sur. Lo indispensable era huirle a la clase media. La clase media es vulgar y miedosa. Yo iba a los lugares aristocráticos. La clase alta no le tiene miedo a nada porque domina el mundo con su plata. Cuando un burgués de esos te deja entrar no te da un peso. ¡Te da mucha guita! Estaba como máximo veinte minutos y tocaba dos o tres piezas nada más.

- ¿Qué país te gustó más?

- Chile, sin dudas. Viajé allá durante toda la década del ´60. Cantaba en peñas y después casa por casa. En esa época, cuando recién triunfaba la revolución cubana, nos hicimos grandes amigos con Pablo Neruda. Siempre que iba pasaba por su casa. No entraba cualquiera a lo de Pablo. Recién me empezaron a recibir seguido cuando me hice amigo de su mujer (Matilde Urrutia) que amaba la música clásica tanto como yo. Cada vez que llegaba a su casa, Neruda se ponía a recitar: “Aquí viene el trovador, con la música de otra parte”. Era como un eslogan que tenía con mi llegada. Yo lo quería como un padre... Eran los ‘70 y me quedé unos tres años en Chile.

- ¿Por qué tanto tiempo?

- Porque en Chile había triunfado en ese momento la Unidad Popular de Salvador Allende. Acá yo estaba mezclado con la gente que empezaba a movilizarse antes del Cordobazo. Todos sabíamos que en Argentina se estaba por venir una muy jodida y en mis recitales hablaba mucho, era un publicista del pensamiento de izquierda. No lo pensé y me fui a Chile. Neruda había sido nombrado embajador de Chile en Francia, así que sólo tuve tiempo para saludarlo. Allende me llamaba “el trovador”. Muchos me llamaron, a partir de Neruda, “el trovador”. Y trabajé como guitarrero. Después vino la caída de Allende, que fue un complot encabezado por Norteamérica. Las Naciones Unidas se portaron bien y me llevaron a París.

- Supongo que en el exilio no te quedaste únicamente en París...

- Sí. Recorrí toda Europa cantando. En Toulouse (Francia) llegué a dar 36 conciertos en un mes. Salía como zombie después de las actuaciones. Viajé dos veces, en el `79 y en el `80, a Estados Unidos a cantar en universidades, porque conocía a profesores de la universidad de Harvard (Cambridge, Massachussets). Y viajé dos veces a Cuba, donde me hice amigo del poeta cubano Nicolás Guillén.

- ¿En qué año volviste a la Argentina?

- En 1985. Cuando regresé la música no anduvo. Acá todo lo dirigía Norteamérica. Y como no pude trabajar de músico, desarrollé mis conocimientos de pintura y empecé a pintar letras en las vidrieras de negocios. ¡Se ganaba mucho con este trabajo! Volví a ver Buenos Aires, leía y ganaba para vivir. Estaba tranquilo, hasta 1995.

- ¿Qué pasó en ese momento?

- ¡La tecnología pasó! Las letras se empezaron a hacer con una máquina de computadora llamada Plotter. Y se paró todo. Mi amiga Elsa Kelly, del partido radical, me ayudó mucho: me dio una casa en el barrio de Palermo que pertenece a la municipalidad. Vivo ahí y no pago nada. Eso me mantiene. Después, en la calle vendo compacts de presentaciones mías durante el exilio.

- ¿Fue idea tuya vender discos de tus actuaciones?

- (Piensa.) No, en realidad fue de Ulises, un chico que conocí acá, en la facultad. Él me comentó que en Rosario yo era muy conocido. No le creía, pero cuando fui me di cuenta que era cierto. Resulta que alguien tenía un casete mío y lo pasaba siempre en la radio. Era un casete grabado que debo haber vendido en algún concierto. A partir de ese momento, Ulises me sugirió pasar a CD recitales que yo tenía en casetes. Y ahí empecé a vender. Eso, junto con las clases de guitarra que doy aquí, me van salvando.
*********

Abre su bolsito y saca una carpeta para mostrarme recortes de diarios donde está junto a varias personalidades de la cultura. Se lo ve, por ejemplo, con su amigo Pablo Neruda o al lado de Jorge Luis Borges. Me queda una última pregunta.
*********

- ¿Cuál es tu verdadero nombre?

- Yanquetruz, pero podés llamarme ´el trovador`.



Noviembre 2005




___


2005: Publicado en la revista “El Fisgón” en el mes de diciembre. Artilaria (Niceto Vega 4629, Cap. Fed.)
http://fisgones.blogspot.com.ar/